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martes, 12 de mayo de 2026

Las arrugas de Miranda (o lo que los veinte años entre El diablo viste de Prada I y II dicen de cómo ha cambiado la forma de contarnos historias).

Cuando vi el tráiler de El diablo viste de Prada 2, lo primero que pensé fue: ¡Vaya, pero si parece que no ha pasado el tiempo! Meryl Streep (en la primera 56 y en esta 76), Anne Hathaway entonces 23 ahora 43, al igual que Emily Blunt, parecen las mismas. No sé si a muchos de nosotros nos sacasen una foto con veinte años de diferencia saldríamos tan bien parados. “Claro – pensé –: esta gente se cuida muy bien, por no hablar de los milagros del maquillaje".

Antes de ver la segunda parte revisité la primera, para tenerla fresca. Y ha resultado un ejercicio bastante interesante de lo que el paso de estos veinte años ha hecho con todos nosotros… ¿Os lo cuento?

jueves, 27 de noviembre de 2025

Anatomía de un relato

Todas las sociedades cuentan con una serie de relatos que explican de manera mítica su origen. A través de ellos, los pueblos se cuentan quiénes son y construyen su identidad en torno a una visión compartida de la historia. 

En estos días en los que se cumple el 50 aniversario de la muerte de Franco, se ha estrenado la miniserie Anatomía de un Instante, basada en el libro del mismo nombre de Javier Cercas. En el momento en el que se publicó (2009), la monarquía y todo el relato de la Transición contaban con un gran prestigio. Poco tiempo después, sin embargo, una serie de acontecimientos cuyo catalizador principal fue la crisis iban a poner en tela de juicio la visión más idealizada de ese periodo.

martes, 16 de septiembre de 2025

Al ritmo del algoritmo

(Este post puede contener trazas de IA y búsqueda Google en su composición)* 

Nunca he creído en las lecturas obligatorias. Sé que puede ser muy beneficioso para un estudiante leer El Quijote, La Colmena o El Diario de Ana Frank, pero creo sinceramente que si obligas a leer estos libros u otros le estás quitando el verdadero poder emancipador de la cultura: que sea el deseo, la curiosidad los que te lleven a descubrirlos. 

En lugar de eso, mi idea del profesor ideal sería aquel que hiciera saber a sus pupilos que estos libros existen y (ya para nota), les motivara a emprender el viaje de encontrarse con ellos.  

¿Por qué os cuento todo esto? Porque creo que tanto tú, amable lector, como yo, estamos empezando a vivir en un mundo en el que esa búsqueda, esa conquista de la curiosidad se está encontrando con cada vez más lecturas obligatorias. Aunque nos parezcan elegidas. 

Intentaré explicarme.

miércoles, 25 de junio de 2025

El Pueblo contra El Mundo Today

 
Al poco de comenzar con este blog hablé de aquel "falso documental" de Jordi Evolé. Lo entrecomillo porque el verdadero mockumentary, en su nombre en inglés, deja a las claras desde el principio su carácter de ficción. Engañar a sabiendas al público, aunque sea momentaneamente, me parece lo contrario al periodismo. ¿Significa que el periodismo solo puede trabajar con lo real, verificado, con lo que se sabe o se cree de buena fe que es cierto? Sí y no. 

El periodismo se mueve en un eje que va de la información a la interpretación. La primera es la más cercana a los hechos puros y duros. La segunda culmina con el género más subjetivo: la opinión. Y dentro de esta hay una vieja aliada, una herramienta que ha servido bien al periodismo desde sus orígenes: la sátira.  

miércoles, 5 de marzo de 2025

El Titanic, el gatekeeper y la tierra plana

Ha pasado bastante desde la última vez que escribí algo sobre periodismo. 

Cuando yo estudiaba en la facultad, el periodismo ya estaba en crisis. Internet y las bajas ventas de papel (y por tanto la pérdida de ingresos por publicidad), parecían el iceberg al que inevitablemente parecía dirigirse el barco, salvo que nosotros, capitanes intrépidos, diéramos el golpe de timón, con la fórmula magistral para mantenerlo a flote, tal vez, haciendo unos contenidos excelsos para un público exquisito que los apreciaría.

domingo, 25 de octubre de 2015

Leila Guerriero: ficciones de verdad

“La realidad supera a la ficción” ¿Quién no ha escuchado alguna vez esta frase? Suele venir precedida por una historia verídica ocurrida al autor de la misma, cuyas expectativas serán altas en el escuchante, altísimas, pues tiene que competir con la imaginación que ha dejado en nuestra mente la palabra ficción: ese reino donde todo es posible, precisamente porque no lo es.

“No hay nada más sexy, feroz, desopilante, ambiguo, tétrico o hermoso que la realidad" nos confiesa la propia autora en un lugar del libro que tenemos entre manos. ¿Y qué tenemos entre las manos? dieciséis crónicas y perfiles, varios ensayos que suenan a alegato, un curso sobre periodismo de alguien que confiesa en la primera página que jamás asistió a una clase de periodismo… Toda esta colección de piezas a modo de puzzle, este continente poblado de lugares posibles y extraordinarios, solo tiene en común entre sí su filiación con la realidad, el hecho inaudito pero cierto de que ocurrieron.

domingo, 4 de octubre de 2015

¿Por qué no hablamos de la muerte?

Si hay un tema tabú, un tema que a todos nos afecte y del que apenas hablamos, ese es el de la muerte. Parece como si, al no nombrarla, ésta no existiera. Hasta que llega el día (tarde o temprano llega, es ley de vida), en el que pasa lo suficientemente cerca de nosotros como para dejarnos claro lo que habíamos preferido ignorar: que esta vida, la nuestra también, tiene un final.

viernes, 2 de enero de 2015

Articuentos de Juan José Millás: rodeos muy directos

Estos días, mientras preparaba este artículo he descubierto cierta curiosa contradicción en mi. Mientras que para comunicarme trato de ser lo más directo y unívoco posible, algo que intento hacer extensible a la redacción, donde creo que la claridad es el primer mandamiento, casi el equivalente escrito a la honestidad, resulta que muchos de los autores que me gustan dan grandes rodeos para decir lo que piensan.

Inicio de una larga perorata (estáis avisados)

Después de psicoanalizarme mucho – tranquilos, lo suelo hacer a solas, cuando nadie me ve –; he llegado a la conclusión de que en parte se debe a mi formación como lector. Durante muchos años en mi adolescencia, leí bastante poesía. Aunque los poemas que siempre me gustaron son aquellos que conseguía entender (los que hablaban de mí, como decía Luis García Montero), no cabe duda que la poesía nunca es del todo transparente. Dice mucho más de lo que aparenta, de ahí su magia, y la capacidad que tiene para crear dobles sentidos, paradojas, metáforas, etc.

martes, 8 de julio de 2014

No apto para turistas: El lugar más feliz del mundo

Ahora que llegan las vacaciones de verano y muchos nos iremos a visitar otros lugares que no conocemos, me parece oportuno reseñar este libro del periodista David Jiménez, corresponsal en Asia de El Mundo, donde cual guía de viajes, nos lleva de la mano a algunos de los destinos más distantes y exóticos, eso sí, no aptos para turistas. Como declaración de intenciones y adelanto de lo que nos vamos a encontrar a lo largo del libro transcribo la entrada de uno de los capítulos: 

"El viajero ha pasado a ser una especie en extinción en un mundo tomado por turistas. Como les tiene aversión, se pasa la vida huyendo de ellos. Les observa con condescendencia, repitiéndose que no es como ellos y forzándose a marchar cada vez más lejos para no encontrárselos. Quiere ir allí donde todavía le reciben con sorpresa. O mejor aún: donde no le recibe nadie. Busca, sin terminar de encontrarlo, el fin del mundo. Pero ¿dónde queda?"

De esta búsqueda del fin del mundo va buena parte del libro. Y a fe mía que lo encuentra, y si no es mismo fin del mundo, bastante se le parece. Tal es el caso del remoto Reino de Bután, en la cordillera del Himalaya, que el periodista visitó cuando trajeron por primera vez la televisión ¡en 1999! y su retorno siete años después, para constatar los cambios que el invento había traído sobre el aislado reino del dragón del trueno. O la cárcel sin barrotes (ni paredes) de la isla de Palawan en Filipinas. O aquel que da nombre al libro "el lugar más feliz del mundo" que es como la propaganda de Corea del Norte describe un país sumergido en un régimen totalitario y paranoico.

Hay que decir que el libro se beneficia de esa alianza que a veces se da entre la literatura y el periodismo y que posibilita ese género hoy bastante ninguneado por los grandes medios llamado crónica y que tuvo grandes maestros como Ryszard Kapuscinski, del que David Jiménez es un buen exponente. En el libro, la escritura, siempre cuidada, está, no obstante al servicio de la historia, de los hechos reales y de las personas que los protagonizan, lo que no impide que un aliento poético recorra las páginas de los seis bloques que componen el libro: lugares, fronteras, calles, celdas, amaneceres y retornos.

Pero El lugar más feliz... es un viaje no solo por los espacios físicos más recónditos del planeta, sino también por los contornos psíquicos y espirituales que conforman la condición humana. Como explica el autor, las fronteras, "esas líneas con las que tratamos de marcar lo que consideramos nuestro (...), siguen siendo las principales causantes de las guerras". ya que siempre estamos buscando defenderlas o intentando ampliarlas, cuando no creando otras nuevas, bien sean ideológicas, religiosas, políticas o étnicas... Pero de todas las fronteras, David Jiménez cita al escritor ruso Solzhenitsin, autor de Archipiélago Gulag, para referirse a la única que permanece invariable a través de las épocas y que es aquella "que separa el bien del mal en la condición humana y que no pasa a través de los Estados, ni de las clases sociales, ni tampoco entre los partidos políticos o las ideologías, sino directamente a través de cada corazón humano".

Así, el libro nos lleva también a estos parajes del alma humana, tales como la "jungla blanca" que crece en la isla de Papúa con sus distritos milimétricamente americanos y sus campos de golf, que sirven de refugio y barrera de contención mental a una población venida de América y occidente que no duda en expoliar el mayor yacimiento de oro del mundo de la montaña Grasberg, sin miramientos para con las tribus vírgenes que viven en la isla.  O el sobrecogedor relato de los pederastas más peligrosos que cumplen condena en una prisión camboyana, muchos de ellos también occidentales que durante unos meses solían dejar sus ocupaciones y civilizadas vidas para abusar de los menores del país asiático. Y uno de los que más me han gustado: el fotógrafo de los muertos, que cuenta la vida de Nhem, quien fue reclutado con dieciséis años por los jemeres rojos durante el genocidio de Camoboya para que fotografiara a los reclusos del campo de exterminio S-21 y documentase así su último gesto de miedo o resignación antes de ser ejecutado. ¿Los delitos? Llevar gafas, haber estudiado una carrera o saber idiomas... Muchos de los condenados le preguntaban que les iba a pasar, a lo que Nhem respondía (mintiendo) que él no sabía nada, que él sólo era el fotógrafo.

Pero afortunadamente, no todos los retratos de la condición humana enfrentada a sus peores pesadillas afronta un saldo tan devastador. Tal es el caso de las temibles mujeres del escuadrón femenino del Viet Cong, entre ellas la aguerrida Vo Thi Mo, quien habiendo emboscado a tres soldados americanos en la jungla y teniéndolos en el punto de mira para dispararlos, los vio compartiendo fotos y cartas de sus familias y llorando. Y no pudo hacerlo. De pronto había descubierto que el "Enemigo" eran personas como ella. Y desde luego, la historia de ese "rebelde desconocido" que se volvió internacionalmente famoso al ser grabado y fotografiado de pie frente a una columna de tanques durante la revuelta de la Plaza de Tiananmen de 1989 en la República Popular China.
"No sabemos su nombre. No hemos visto su rostro. Tampoco hemos escuchado su voz. Lo que sí sabemos: durante tres minutos se enfrentó, desarmado y sin ayuda, a una columna de tanques chinos, dejando para la historia la imagen que desde entonces ha inspirado las ansias de libertad de pueblos de todo el mundo. Si alguien me preguntara por la exclusiva que querría escribir antes de que me jubilen, sería la suya. Encontrar el rebelde desconocido y preguntarle: ¿qué te hizo pensar que podrías parar el mayor ejército del mundo, tú solo?" (...) 

"Tanques contra personas - respondería tal vez - Parece un enfrentamiento desigual y lo es. Siempre terminan ganando las personas, aunque a veces lleve mucho tiempo darse cuenta". 

viernes, 21 de marzo de 2014

Sobre ficción y periodismo

Para muchos es un medio para ganarse la vida, tan honrado o tan poco como puedan permitírselo sus agallas o sus escrúpulos.  Para otros, una religión, con sus homilías y sus predicadores.  Para unos pocos, quizás los imprescindibles, es una forma de vida, una necesidad, un destino.

Estamos hablando de Periodismo.

Y Periodismo es una de esas cosas que significan tantas cosas a la vez para tantas personas en tantos sitios que al final nadie se pone de acuerdo en qué es.

Toda esta larga introducción es para hablar de las relaciones (casi siempre tempestuosas) entre periodismo y ficción.  Ambos sirven para contar cosas, historias que nos dicen quiénes somos, pero que lo hacen de forma diferente, de tal manera que pocas cosas te van a definir más como periodista que dónde pongas la línea divisoria entre una u otra o lo tolerante que puedas llegar a ser con la realidad de los hechos y los espacios en blanco que, inevitablemente, surgen entre lo que se sabe y lo que no.

No es mi pretensión hacer aquí un tratado sobre periodismo con mayúsculas ni una nueva discusión bizantina acerca de si es posible la objetividad.  Más que nada porque dejé el (P)eriodismo con mayúsculas en los altares de la universidad y de un tiempo a esta parte sólo creo en el trabajo diario, humilde y serio. En la dignidad del oficio, nada más (y nada menos).  En cuanto a la objetividad, prefiero hablar mejor de honestidad: más humana, más accesible.

Lo que os quiero comentar aquí, de pasada, son tres ejemplos que he visto últimamente y me han hecho reflexionar sobre las relaciones entre periodismo y ficción. De entrada, por si no hubiera quedado claro ya, lo que voy a decir que no es más que mi humilde opinión, no un tratado o un estudio serio acerca del tema.

1.  Jordi Évole y la "Operación Palace"
¿Puede una mentira explicar una verdad? Con esta enigmática frase se publicitó el documental (o falso documental más bien) que ha levantado ampollas entre amplias capas de la audiencia, y en especial, en el mundillo de los periodistas.  ¿Puede? Difícilmente: la mentira no añade ninguna cualidad a la verdad. Es añadir oscuridad a la oscuridad, enmarañar lo enmarañado porque "total, ya estaba enmarañado".  Decir que como no se sabe mucho de una cosa se puede tergiversar al gusto del consumidor es renunciar a una de las misiones que para mi tiene el periodismo (y más hoy en día en el que ya no es el único proveedor de la información, sino más bien un intermediario): esclarecer los hechos, separar el grano de la paja. Y si no puedes, por lo menos, no oscurecer más los hechos.  Claro que muchos también piensan que lo que hizo Evolé no tiene nada que ver con periodismo. Si es así, estamos de acuerdo.

 2.  Truman Capote y la novela de "no ficción"

En los sesenta surge en Estados Unidos el Nuevo Periodismo, una corriente que utilizando las armas de la literatura quiere hacer un periodismo que no se limite a ser la copia neutra de la realidad en formatos preestablecidos, sino que se acerque al mundo que describe y al lector, no dudando en utilizar para ello todos los recursos que la literatura pone a disposición del escritor. Entre sus frutos más celebrados está A sangre fría, de Truman Capote. Lo que hace que esta corriente se pueda considerar periodismo es que las historias han ocurrido realmente, y el autor las documenta de forma absolutamente meticulosa: Truman Capote dedicó nada menos que seis años a estudiar cada aspecto del crimen ocurrido en Kansas que cuenta magistralmente en la novela antes mencionada; para ello, hizo cientos de entrevistas tanto a los vecinos como a los policías encargados del caso e incluso a los culpables.
He hablado de la novela de no ficción porque actualmente estoy leyendo Música para camaleones, del mismo autor. Es un libro maravilloso, que me está encantando y del que hablaré más adelante en un post cuando lo termine (avanzo lentamente entre viaje y viaje de autobús).  Si A sangre fría es la reconstrucción metódica de un suceso de la forma más "fría" posible, en Música para camaleones asistimos a la integración de la personalidad del autor en los hechos que narra, habitualmente surgidos de diálogos, anécdotas o cartas.  Está más cerca de la literatura que del periodismo, es cierto, pero en él palpita una vida, una verdad que sólo puede surgir de la realidad.  En la introducción del libro el mismo autor nos revela las claves que diferencian y al mismo tiempo emparentan ambos libros:
"Desde un punto de vista técnico, la mayor dificultad que tuve al escribir A Sangre fría fue permanecer completamente al margen de la narración. Por lo común, el periodista tiene que emplearse a sí mismo como personaje, como observador y testigo presencial, con el fin de mantener la credibilidad. Pero creí que, para el tono aparentemente distanciado de aquel libro, el autor debía estar ausente. Efectivamente, en todo el reportaje intenté mantenerme tan encubierto como me fue posible.                            
Ahora, sin embargo, me situé a mi mismo en el centro de la escena, y de un modo estricto y sobrio, reconstruí conversaciones triviales con personas corrientes: el conserje de mi casa, una masajista del gimnasio, un antiguo amigo del colegio, el dentista. Tras escribir centenares de páginas sobre esas cosas tan simples terminé por desarrollar un estilo. Había encontrado una estructura dentro de la cual podía integrar todo lo que sabía acerca de escribir".
Recapitulando: el Nuevo Periodismo utiliza las armas de la literatura (forma) para acercarnos a la realidad de unos hechos (fondo). Lo que no se cuestiona es la realidad de esos hechos, que son sagrados y han de ser bien documentados ya que servirán de fundamento para todo lo demás (y no al revés: no son la excusa, como ocurriría en cualquier novela de ficción a secas). Para quien quiera saber más de esta corriente (por la que tengo que reconocer que siento devoción), recomiendo este enlace.

y... 3.  Una curiosa sorpresa: ¿robó un supervillano el Boeing 777?

Si en el primer ejemplo hablaba de la manipulación de una realidad para contar una supuesta verdad, y en el segundo de cómo contar la verdad desde las armas de la ficción... Ahora me toca presentaros algo completamente diferente (como dirían Monthy Python); pero que sinceramente... me ha gustado.

El enlace es al artículo de Daniel Burgui, "Un supervillano centroasiático robó el Boeing 777"

¿Ya lo habéis leído? Bien.

Tengo que reconocer que no conocía al autor, y el artículo me lo recomendó el otro día uno de mis contactos de Facebook. 
Tengo que decir que lo empecé a leer con suspicacia en grado sumo. ¿Qué pensé? Que el tema no era para hacer bromas, que el planteamiento era quizás sensacionalista...
Tengo que reconoceros otra cosa: me ha parecido el enfoque más audaz que he visto en mucho tiempo en un artículo. Y me ha parecido un buen análisis, diferente, fresco. Bien documentado
¿Por qué? 
No sé. Tal vez porque había realidad en él.