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miércoles, 24 de septiembre de 2025

Por favor, date prisa: Mi postre favorito

En la cartelera abundan las películas grandes, cuyos directores muy conscientes de la gravedad de lo que tienen entre manos, nos traen temas que buscan dejar huella en la historia o sentar cátedra. Pero como sabréis si leísteis otros paralajes de cine, yo siento predilección por las historias "pequeñas", las que cuentan la vida de personas de a pie. Películas pequeñas que, sin embargo, suelen contener historias grandes. Como Mi postre favorito, que ha pasado discretamente por la cartelera, y que cuenta la poco habitual epopeya de una septuagenaria en busca del amor. Pero es que además la película, que ha sido rodada en Irán, tiene una historia detrás sorprendente que la convierte en un pequeño milagro ¿Os la cuento?  

jueves, 28 de agosto de 2025

La ficción de la realidad: Leer Lolita en Teherán


A veces la ficción solo requiere que alteremos alguno de los elementos de la realidad. Así, por un proceso de extrañamiento, algo cotidiano y sencillo de pronto se transforma en extraordinario.

Imaginemos: Has quedado con compañeros de estudios para participar en un seminario en torno a varias obras clásicas. Os cita tu profesora en su domicilio. ¿Quién no ha participado en clases de literatura, en clubs de lectura o discutido sus lecturas con otras personas? Pero ahora viene lo extraordinario: las obras que vais a leer están prohibidas, las reuniones deben ser secretas ya que si las autoridades se enteran de lo que estás haciendo, puedes acabar en la cárcel… o algo peor.

¿De qué manera la ficción puede constituir una amenaza para un régimen poderosamente asentado? Tendemos a pensar en la ficción como un campo de pura evasión: leemos para escapar de nuestra realidad, para vivir otras vidas. Pero, ¿y si os dijera que también leyendo podemos cuestionar la realidad, incluso tal vez transformarla al imaginar otros mundos en el que nosotros ya no somos los mismos?

sábado, 31 de mayo de 2025

Nina Simone, la suma sacerdotisa del soul


 
Año 1944. Interior del salón de actos del ayuntamiento de Tryon (Carolina del Norte). La joven Eunice, de once años, se dispone a dar un recital de piano. De pronto mira al público y se detiene. Sentados puede ver a alumnos y profesores. Sentados en la última fila, sus padres, que han tenido que ceder sus asientos a otros asistentes blancos. 

"No empiezo si no se sientan en la primera fila", dice, con una firmeza que no parece provenir de una niña de su edad. Así se hace: las personas de la primera fila ceden sus asientos a sus padres. El concierto puede así dar comienzo. 

Más tarde esta niña prodigio recordaría una lección de su primera profesora de piano: "No toques hasta que no estés preparada y ellos estén listos para escucharte... simplemente hazlos esperar". 

En esta anécdota ya se encuentran algunas de las claves que surcarán la vida de Eunice Kathleen Waymon, mundialmente conocida como Nina Simone. Una vida en lucha constante contra demonios exteriores: el racismo, la falta de igualdad, el machismo... Y otros interiores, y por ello aún más difíciles de enfrentar. Por encima de todo, como reconoce en sus memorias, una vida con "una incontable cantidad de errores, no pocos días malos y, lo más regocijante de todo, años de alegría - duros pero también entrañables - en los que luché por los derechos de mis hermanos y hermanas...".

martes, 5 de noviembre de 2024

Eunice Carter contra Lucky Luciano la Historia

Eunice Carter contra Lucky Luciano la Historia

Todos formamos parte de un contexto social, de un momento histórico, de unas circunstancias. Las inercias, las dificultades para sobreponerse a estas fuerzas suelen ser minimizadas por cierta filosofía de autoayuda y dogmas de corte neoliberal que emplazan de forma nada inocente toda la responsabilidad en el individuo, sin tener en cuenta todas las variables sociales, económicas, familiares que influyen. Pero también es cierto que hay personas que consiguen sobreponerse a las cartas que le han tocado y emergen por encima de todos los gigantescos y a veces determinantes límites de su historia . Su lección es que, a veces, sí se puede. Con determinación, con trabajo humilde y constante, se puede jugar una partida diferente a la que parecía estar destinada nuestra vida.

martes, 14 de octubre de 2014

Carta a Malala


A veces me gustaría que siguieses siendo una niña, que recuperaras tu infancia, que te permitieras ser como las demás. Pero ya sé que no puede ser. Eres Malala Yousafzai, un ícono mundial llamado a inspirar a una generación.


Es demasiado peso para cualquiera. Ojalá no te sientas sola, ojalá sepas que los que te admiramos también estamos dispuestos a sostenerte. Ojalá te permitas una debilidad de vez en cuando. Ojalá tengas tiempo en tu agenda para vivir una vida no heroica.


Pero te mentiría si no te dijera esto: nos haces falta. Necesitamos personas como tú que nos inspiren, que nos hagan darnos cuenta que sí se puede cambiar el mundo, que es legítimo intentarlo, que es necesario.

Tú ya lo sabes, porque eres muy inteligente. Eras la mejor de tu clase, y siempre has asumido una responsabilidad que intuitivamente sabías tuya, reclamando un puesto que has vuelto ya insustituible.


Personas como tú alumbran el futuro, Malala. Lo hacen más esperanzador. Pero cuídate, no te olvides de soñar. No tengas miedo de sentirte vulnerable. Es tu vulnerabilidad la que nos da fuerzas, la que te convierte en un adversario invencible para los fanáticos.

Cuídate, mi valiente.

viernes, 2 de mayo de 2014

La bici de Wadjda

A veces no hacen falta tramas complicadas, ya que la historia más sencilla puede asombrar, todo es cuestión del enfoque que le demos. Y lo capaces que seamos de empatizar con él o la protagonista de nuestra historia.

Wadjda (aka la bicicleta verde) es la historia de una niña de 10 años que desea con todas sus fuerzas tener una bici para poder echarle una carrera a su amigo Abdullah.  Hasta aquí todo normal, casi diríamos que banal... Si no fuera porque la niña vive en Arabia Saudí, donde está mal visto que las niñas vayan en bici y jueguen con niños que no sean de su familia.

Así es como un planteamiento sencillo se vuelve de pronto extraordinario, al cambiar nuestro escenario por el de un mundo diferente, sometido a otras reglas.  Todavía nos faltaría el segundo requisito para enganchar con una historia: que el personaje principal nos resulte cercano, que nos sintamos identificados en su lucha. Esto rápidamente lo consigue Wadjda, una rebelde y vivaz muchacha que siempre gusta de llegar al límite entre lo que puede hacer y lo prohibido. La película la caracteriza con sencillez cuando en la primera secuencia la vemos con sus características zapatillas converse sobresaliendo del manto de la escuela y de los oscuros zapatos del resto de niñas


Ahora bien, como todo relato clásico, un protagonista necesita de un antagonista. Sería fácil ver aquí a la directora del colegio de Wadjda, la señorita Hussa, quién llevada por el rigor religioso será la principal interesada en "encarrilar" el comportamiento rebelde de la niña hacia formas más aceptadas en la sociedad saudita.


Pero ¡cuidado! desde este punto de vista podíamos pensar que la directora no es más que la correa de transmisión de unos valores sociales, y que por tanto, la verdadera antagonista es la propia sociedad saudí, un patriarcado en el que los hombres llevan la voz cantante, pudiendo casarse de nuevo y haciendo que las mujeres dependan de ellos hasta para poder ir al trabajo en coche


¿Son estos los enemigos de Wadjda? Sí, y no. Wadjda forma parte de ese mundo: adora a su padre y quiere a su madre (que no quiere comprarle la bici porque no considera que sea propio de niñas). Antes hemos dicho que Wadjda tenía una habilidad especial para jugar al filo de las reglas pero sin salirse. Y es verdad: pronto Wadjda comprende qué si quiere salirse con la suya deberá utilizar las mismas reglas del juego para transgredirlas. Si hace falta cambiar los videojuegos y la música rock por el estudio del Corán y su recitación (a fin de poder ganar un concurso religioso y comprarse la bici); Wadjda pondrá en esa empresa todo su empuje, poniendo en ello su ingenio y su corazón.


Y como todo héroe o heroina, no le faltan tampoco aliados a Wadjda, en este caso su vecino Abdullah, quien le enseña a montar en bici y se vuelve su principal amigo. Como la historia es sencilla pero no simple, es un niño (un futuro hombre), quien muestra más respeto y simpatía a la lucha de Wadjda. Aunque ayudarla tal vez implique perder con ella la carrera más tarde... quién sabe.


Recomiendo esta película a todos los que quieran conocer otro mundo: otras costumbres, formas de vestir, otras calles...  A mi me ha dado ganas de saber más del país y seguir los avances que lentamente pero inexorablemente están consiguiendo las wadjdas que en él habitan.

Por otro lado, la historia que muy fácilmente podía haberse convertido en un agria denuncia plagada de brutalidad y dolor opta en cambio por la crítica desde dentro, comprendiendo, como Wadjda en un ejercicio de resiliencia del que ya podrían aprender muchos rebeldes sin causa, que el optimismo, la superación y el sentido del humor a veces son las mejores armas para cambiar las cosas.

Epílogo:

La directora es Haifa Al Mansour, la primera mujer en dirigir una película en Arabia Saudita, un país sin apenas industria cinematográfica, hasta tal punto que para encontrar a la actriz que hiciera el papel de Wadjda (Waad Mohammed), hubo que recorrer al boca-oreja ante la ausencia de una agencia de casting digna de tal nombre.  Al Mansour dice que se basó en un personaje real, el de una sobrina suya para el papel pricipal. Aunque pienso que bien podría ser un trasunto de la autora, que tuvo que dirigir muchas escenas (situadas en suburbios muy conservadores de Riad) desde una furgoneta con un walkie talkie ya que no estaba bien visto que saliera a la calle rodeada de hombres. Cuenta que su padre, el poeta Abdul Rahman Mansour la crió junto a sus doce hermanos viendo películas VHS (no había cines en aquella época) de Walt Disney y Jackie Chan, de donde la autora probablemente comprendió el valor de los finales felices.

Waad Mohammed y Haifa Al Mansour, las grandes protagonistas
de Wadjda, en el Festival de Cine de Venecia (2012)