“Le rogamos haga de este escrito el mayor número de copias posible y las difunda”.
Inge se levanta un nuevo día. La mañana es fresca y le ha costado más de lo habitual prepararse para ir al instituto. Quizás porque es mitad de la semana, quizás porque estos días en clase de Historia están leyendo acerca de aquellos años en los que Hitler llegó al poder. La historia la ha escuchado varias veces, pero es difícil de asimilar. Nadie, entre sus compañeros, la profesora, sus familiares quieren hablar mucho. Para algunos es agua pasada. Ojalá fuera así, se dice mientras apoya la cabeza en la ventanilla del autobús y ve las pintadas que alguien dejó el día antes, unas pintadas que no le gustan y que le recuerdan un comentario de un compañero o algún reel de tik tok. Es difícil recordar quién lo dijo antes.
"Hemos crecido en un Estado de despiadado sometimiento de la libre expresión. HJ (Juventudes Hitlerianas), SA y SS han intentado uniformarnos, revolucionarnos y narcotizarnos en los años más fértiles de nuestras vidas. (…) Una selección de caudillos, tan demoníaca y torpe a la vez como es imposible concebirse, intentaba formar a las futuras cabecillas del partido en castillos, para hacer de ellos explotadores sin Dios, sin vergüenza y sin conciencia, asesinos, secuaces estúpidos del Fuhrer".
Hans lleva días inquieto. Quiere hacer algo, pero no sabe qué. Supone que el precio de crecer es perder las certezas, pero cómo echa de menos aquellos tiempos en que todo parecía más sencillo. Como cuando era un orgulloso líder de las juventudes, y tuvo el privilegio de portar en Nuremberg la bandera en el Congreso del Partido de 1936. Cuando se unieron, a él y a sus hermanas Sophie e Inge les gustaba las marchas al unísono, las caminatas por el campo, las fogatas, la camaradería… ¿Por qué no podía haberse quedado ahí? Pero pronto llegaron las prohibiciones, los autores proscritos, los artistas degenerados. Y si solo hubiera sido eso… El ambiente se volvió cada vez más irrespirable, más cruel y militarista. El odio al diferente, el desprecio al débil. No eran los valores en los que su familia le educó.
El otoño pasado Otl, el novio de Inge, le habló de ese obispo católico, Graf Galen que estaba denunciando la campaña de eutanasia de Hitler contra los enfermos mentales y disminuidos psíquicos. Hans sintió por primera vez en mucho tiempo esperanza: al fin alguien alzaba la voz. Y no solo ante el púlpito: la denuncia se había copiado y repartido en forma de cartas y panfletos en los buzones de Ulm.
"Nada es más indigno para un pueblo civilizado que dejarse “gobernar”, sin oponer resistencia, por una camarilla irresponsable que se deja llevar por sus bajos instintos".
Hans empieza a asistir a reuniones, al principio solo se trata de un círculo de amigos que conversan y comparten autores. Nada más que eso, pero no es difícil pasar de las afinidades a las miradas cómplices. En una de las reuniones conoce a Alexander Schmorrell. Ambos estudian Medicina en Munich; Alex, cuyo padre es un opositor decidido al régimen, invita a Hans a su casa, una velada de lectura de obras literarias, filosóficas y teológicas; un oasis en el que los participantes profundizan en una cultura abiertamente opuesta a los dictados nazis.
"Con el nacionalsocialismo no se puede debatir intelectualmente, porque es anti-intelectual, pues ya desde el primer germen, ese movimiento se construía sobre el fraude".
En una de esas veladas, hacia finales de 1941 Hans conoce a Christoph Probst, compañero de la escuela de Schmorrell. Probst ha sido educado en un ambiente liberal: su padre, un reconocido intelectual, cuenta entre su círculo de amistades a pintores y artistas que los nazis consideraban “degenerados”, Además, la segunda esposa de su padre es judía. Encuentran inspiración en intelectuales católicos como Theodor Haecker y Carl Muth, fundador este último de Hochland (Tierras Altas), una revista católica que quiere tender un puente entre el pensamiento cristiano y la cultura moderna.
Más tarde conoce a Willi Graf, también estudiante de medicina. Graf ha sido uno de los pocos jóvenes que se han negado a unirse a las Juventudes, cuya afiliación es obligatoria. Dicho rechazo y la pertenencia a un grupo católico le han llevado a pasar varias semanas en prisión preventiva.
Entre los tres surge la idea de las Hojas de la Rosa Blanca. Y pronto descubren que a su alrededor hay personas dispuestas a ayudarles, financiera y logísticamente, como el arquitecto Manfred Eickemeyer que les presta su estudio para la creación de las Hojas y Eugen Grimminger, amigo del padre de Hans y Sophie, que les ayuda económicamente.
En mayo de 1942, pocos días antes de cumplir los 21 años, la hermana de Hans, Sophie Scholl se traslada a Munich para iniciar sus estudios universitarios de Biología y Filosofía.
"Ahora lo importante es encontrarse mutuamente, informar uno y no cejar hasta que el último se haya convencido de la necesidad de luchar contra ese sistema. Si, así, se extiende una oleada de protesta por el país, si “está en el ambiente”, si muchos colaboran, entonces será posible deshacerse de este sistema".
En junio, Sophie se encuentra una Hoja de la Rosa Blanca bajo el pupitre en un aula de su facultad, y la guarda entre sus apuntes. Al llegar a casa busca a su hermano para enseñársela. Pero Hans no está en casa. Entre sus libros ve una antigua edición de Schiller llena de anotaciones a lápiz; allí descubre citas textuales de la Hoja que ha encontrado horas antes en la Universidad.
Interpelado por su hermana, Hans niega en un primer momento que él sea el autor de la Hoja; sin embargo, poco después llegan también sus amigos Alex Schmorell y Christl Probst. A pesar de que le invade un miedo terrible por las consecuencias que pudieran llevar consigo, Sophie se une a la Rosa Blanca.
“El sentido y objetivo de esta resistencia es conseguir que caiga el nacionalsocialismo. Y en esta lucha no se puede retroceder ante ninguna posibilidad, ante ninguna actuación, estén donde estén. Hay que atacar al nacionalsocialismo en todos los lugares donde es vulnerable.”
Hay un profesor en la Universidad de Munich que habían conocido por una conferencia sobre Leibniz. Sus clases son un refugio del pensamiento crítico y suelen estar salpicadas de críticas veladas al régimen, por ejemplo cuando habla de Spinoza, autor prohíbido por los nazis: “Es judío, tengan cuidado, que se pueden envenenar”. Después de tantearle se une al grupo a finales de 1942. Escribirá la sexta y última hoja.
Hans y Alex consideran prioritario establecer contacto con el movimiento de resistencia en otras ciudades. En un peligrosísimo viaje a Chemnitz consiguen establecer contacto con Falk Harnack, quien entonces es considerado el punto de unión entre los diversos grupos de resistencia en Alemania.
A comienzos de 1943 se produce un acontecimiento que marca un punto de inflexión: la derrota alemana en la batalla de Stalingrado. Los efectivos alemanes terminan completamente cercados por las tropas soviéticas en un perímetro de 40x50 kilómetros, lo que impide el avituallamiento. A pesar de la situación desesperada, Hitler se niega a aprobar la retirada y exige luchar “hasta el último hombre”. Se estima que unos 300.000 soldados mueren, víctimas no solo de combate, sino del frío, las enfermedades y el hambre. Solo unos pocos miles pudieron ser evacuados, entre ellos Fritz Harnagel, novio de Sophie Scholl.
"Muchos, quizás la mayoría de los lectores, no saben cómo pueden ejercer la resistencia. No ven la posibilidad de hacerlo. Nosotros vamos a intentar explicarles cómo cada persona individual está en condiciones de contribuir a derrocar este sistema".
“Las muchachas, mejor que estudiar, lo que deberían hacer es regalarle cada año un niño al Führer…” Es el 13 de enero de 1943 y Paul Giesler, gobernador de Baviera, convoca a los estudiantes de Munich en la sala de congresos del Museo Alemán para celebrar el 470 aniversario de la Universidad. La platea está reservada a los uniformados: jóvenes soldados, veteranos, representantes del partido y del ejército. En las galerías se apelotonan los estudiantes. Giesler continúa: “…a las estudiantes que no sean lo suficientemente guapas para pescar marido, les pongo a su disposición a uno de mis ayudantes. Y os prometo que sería muy divertido…” Los gritos de las estudiantes no dejan continuar a Giesler. Unas veinte mujeres bajan la galería protestando y son detenidas por estudiantes uniformados y por las SS. Algunos estudiantes intentan liberarles y se enzarzan en una lucha cuerpo a cuerpo con los uniformados. Otro grupo abandona el lugar y se dirige en manifestación espontánea a la Universidad, hasta que la policía consigue dispersarlos.
Es la primera vez, en diez años de nacionalsocialismo, que se produce una protesta como aquella. Cuando Hans, Sophie, Alex y Willi oyen lo que ha sucedido en el Museo Alemán, se sienten eufóricos, tal vez sus Hojas estaban empezando a causar efecto.
“¿Ha sucumbido vuestro espíritu a la violación de tal modo que olvidáis que destruir este sistema no sólo es vuestro derecho, sino vuestra obligación moral?”
A comienzos de 1943 tiene lugar la redacción de la quinta Hoja de la Rosa Blanca y los planes para su difusión. Como en ocasiones anteriores, Hans y Álex elaboran cada uno un boceto que confrontan hasta disponer de la versión definitiva entre el 18 y el 20 de enero. El profesor Kurt Huber se encarga de la corrección final.
Una vez pasadas a máquina las dos cuartillas se copian de manera manual con el hectógrafo, quedando impresas en una hoja por las dos caras. Se hace un número mucho mayor de copias que con las cuatro precedentes. Mientras Willi viaja por Alemania estableciendo contactos, Sophie, Hans y Álex organizan envíos por correo: copian direcciones de otras ciudades de las guías telefónicas. El 25 de enero, Sophie toma el tren a Augsburgo, donde echa 250 cartas al correo; al día siguiente Álex se dirige a Salzburgo, Linz y Viena, echando cartas en los buzones de correo y distribuyendo algunas por las casas cerca de las estaciones. Una vez terminadas estas acciones fuera de Munich, Willi Graf, Hans Scholl y Álex Schmorrell se reunen a distribuir un buen número por el centro de Munich, llegando a repartir unas 5.000.
No contentos con eso, los tres recorren durante la medianoche el centro de Munich en cuyas paredes pintan graffittis con una cruz gamada tachada y la leyenda ¡Abajo Hitler! Y la palabra libertad. A la mañana siguiente, Sophie puede ver esas pintadas en su camino a las clases, mientras algunos soldados y señoras de la limpieza se esfuerzan por borrarlas.
![]() |
| Los principales integrantes de la Rosa Blanca: de arriba a abajo y de izquierda a derecha: Hans Scholl, Sophie Scholl, Cristoph Probst, Alexander Schmorrell, Willi Graf y Kurt Huber. |
“(…) Y cuando hayáis decidido, actuad”.
El 18 de febrero de 1943, poco después de las 10 de la mañana, Sophie y Hans Scholl salen de la casa que comparten en la Franz Josefstrasse. Son casi las 11 de la mañana cuando llegan al edificio central de la Universidad, justo antes de que concluyan las clases. El patio central, con su magnífica escalera y cubierto por una cúpula de cristal, está absolutamente vacío; Hans y Sophie abren la maleta sacando más de mil ejemplares de la sexta Hoja, y las reparten rápidamente por las ventanas, la balaustrada de la escalera y delante de las aulas. Cuando van a abandonar ya el edificio ven que la maleta aún no está vacía; como las clases no han terminado aún y no se ve a nadie, suben a la segunda planta, desde donde arrojan los últimos ejemplares, que caen como una lluvia blanca por el hueco de la escalera. Pero el bedel de la Universidad les ha visto y alerta a la policía antes de que puedan salir.
“Los integrantes de la Rosa Blanca se equivocaron” explica la profesora emocionada: “No estaba cerca el fin del régimen; aún quedaban dos años de dura guerra y atrocidades”. Pero su ejemplo de lucha de algún modo nos recuerda que el nazismo no fue capaz de adormecer la conciencia de todos, que no importa las dificultades o el precio a pagar, siempre hay quien está dispuesto a hacer frente a la tiranía…
Inge vuelve a casa. Unos operarios intentan borrar los últimos restos de las pinturas que vio de camino al instituto. En el autobús ve personas de diferentes partes del mundo y siente algo a lo que no sabe poner nombre pero que se parece mucho al agradecimiento.
Una pequeña luz en la oscuridad, una nota a pie de página de la historia. La Rosa Blanca.
- La historia posible de una joven estudiante en la Alemania de hoy
Foto de portada: galería del edificio central de la Universidad de Munich, donde Sophie Schol tiró los últimos ejemplares que llevaba de la sexta hoja de la Rosa Blanca antes de ser detenida. ´
Fuentes




No hay comentarios:
Publicar un comentario