miércoles, 30 de julio de 2014

Los 5 mejores finales de la historia del cine

ALERTA SPOILERS: No creo que haya ni que decirlo, porque como es lógico, si hablamos de finales hablamos de destripar cinco películas. Además cinco películas realmente buenas, de tal modo que merece la pena que las veas en caso de que no las hayas visto (¿En serio no las has visto? ¿¡A qué estás esperando?!).  Mucho de lo mejor de estás películas es, además, el final, sorpresivo en unas, épico en otras, por lo que merece la pena llegar a él sin conocerlo de antemano, porque la experiencia es otra totalmente.

¿Ya? bien, pues vamos a empezar por el número 5:

5. El planeta de los simios (1968)


Primero un plano picado, de una estatua de la que solo se ve una corona, y luego otro plano de Charlton Heston arrodillado en la playa y gritando:

"¡Malditos! ¡lo habéis destruido! ¡Yo os maldigo a todos!, ¡maldigo las guerras! ¡¡Os maldigo!!"
No hace falta más para contar el apocalipsis de la raza humana: ni el día de mañana ni 2012 lo hicieron más creíble que estos dos planos con Charlton Heston, la estatua y el sonido de las olas del mar al fondo.
Ahora que se va a estrenar el amanecer del planeta de los simios, con su croma, sus efectos digitales y su 3D, no viene mal acordarse de que la magia de una peli no está en que tenga miles de efectos, sino un par de buenas ideas acompañadas de un director y unos actores capaces de hacerlas creíbles.

4.  El golpe (1973) "Ya se han ido..."

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Paul Newman y Robert Redford, dos timadores especializados en engañar a todo el mundo, no podían terminar la película sin engañar también al espectador, en un último acto inolvidable...

Valga esta memorable escena como ejemplo del final sorpresa o, como me gusta a mi llamarlo, el "final trampa" (ejemplos más actuales serían el sexto sentido o los otros, cuyos finales alteran además el sentido mismo de todo lo que habíamos visto hasta ese momento). El golpe es una película con menos conejos escondidos que esas dos, pero que al final juega a sorprendernos... y vaya si lo consigue.

3. Casablanca (1942) "Siempre nos quedará París"


En fin, qué decir de uno de los finales más redondos de la historia del cine (si no el mejor). Lo tiene todo: buenos planos, grandes intérpretes, un diálogo que cualquier mitómano habrá escuchado unas cuantas veces. Y lo cuenta todo: valentía, generosidad, patriotismo, amor y sacrificio. Y el final, con el avión alejándose, siempre nos queda la ilusión, algo que no debemos de perder ni dejar que se vaya con él. Porque todos tenemos un Paris en nuestro corazón.

2. Cadena perpetua (1994) La esperanza se llama Raquel Welch

  
La esperanza se llama Raquel Welch y viste de cavernícola en un póster que Tim Robbins tiene colgado en su celda, donde cumple condena.

Solo por esta escena merece la pena ver la película, una obra maestra del cine que no hace sino revalorizarse con los años y que el sitio de cine IMDb considera como la mejor película de todo los tiempos

1. La vida de Brian (1979) "Mira siempre el lado bueno de la vida"


Los Monthy Python tocaron el cielo (literalmente) con esta irreverente y divertidísima película sobre la vida de un contemporáneo de Jesús. 

Si no la has visto, es posible que no comprendas porque es tan bueno el final. Si la has visto, seguramente no puedas imaginar otro final diferente para esta película. 

Y es que seguramente no haya otra película que acabe tan alto como esta, con esos crucificados buscando el lado bueno de la vida y bailando con la cabeza, mientras entran los títulos de crédito. Simplemente genial

¿Y a vosotros qué os parece? ¿Estáis de acuerdo con la clasificación? ¿Incluiríais otros finales en la lista?

jueves, 24 de julio de 2014

Bordados: té y confidencias

Hay una hora para el te, a media tarde, en la que mientras los hombres duermen la siesta, las mujeres se reúnen en un cuarto para contarse sus confidencias, cotilleos, y en general, para airear el corazón.

Durante ese rato, como en un mágico trance, las cadenas sociales y mentales se debilitan y las mujeres hablan con una inusitada franqueza de las cosas más delicadas, o mediante el humor más ácido pasan cuentas a su última desventura. Todo con una sinceridad que sería impensable en otro contexto.

Marjane Satrapi saltó a la fama por su novela gráfica Persépolis, donde contaba su niñez y primera juventud en el Irán que surgió de la revolución de los ayatolás. En esa historia nos narraba también su marcha a Austria con 14 años para escapar del ambiente restrictivo de su país de origen, su sensación de extranjería y extrañamiento al regresar a su país para estudiar Bellas Artes, y su marcha definitiva a Francia, donde hoy reside.
Otras obras de Marjane Satrapi: Persépolis (2002), El suspiro (2011), Pollo con ciruelas (2005)
Es este cómic (lo siento, lo de novela gráfica no va conmigo), lo que se cuenta es bastante diferente. Más que una historia son muchas. Pero lo importante no es lo que se cuenta, sino cómo se hace. Satrapi mantiene el estilo fresco y expresivo de dibujo que ya disfrutamos en Persépolis,  e innova formas gráficas en el diseño y ordenación de las viñetas que hacen la lectura muy dinámica, al hilo de las confidencias de las mujeres. Confidencias que nos dicen tanto de ellas mismas, de sus aspiraciones y frustraciones, como también de la hipocresía de una sociedad que valora las apariencias por encima de la realidad. Es inevitable sentir mientras leemos que estamos asistiendo a una reunión muy privada, y es que, entre pastas y té, las mujeres desgranan en esa "sala de la verdad" su intimidad. Yo personalmente como hombre he tenido el placer culpable de sentir que estaba espiando una reunión que no tenía que ver.


Interesante, valiente y desmitificadora, Bordados es una historia muy sencilla y a la vez muy reveladora de cómo viven las mujeres su feminidad en Irán, país éste del que todos tenemos imágenes en la mente, imágenes que a veces viene bien confrontar con lo que de primera mano nos puedan contar estas mujeres. Quizás entonces veremos que en realidad no sabemos casi nada del país centroasiático, y lo que es aun más revelador, que a pesar de las distancias sociales y culturales, algunas situaciones y sentimientos no están tan alejados de los que podemos experimentar en nuestro país.

Bordados:
1. Bordado// Adorno en un tejido o una piel con cosidos hechos en relieve.
2. Cotilleo// Difusión o narración de chismes entre varias personas.
3. Reconstrucción quirúrgica del himen para simular la conservación de la virginidad.
4. Título original francés de Bordados, Broderies, de Marjane Satrapi.


martes, 8 de julio de 2014

No apto para turistas: El lugar más feliz del mundo

Ahora que llegan las vacaciones de verano y muchos nos iremos a visitar otros lugares que no conocemos, me parece oportuno reseñar este libro del periodista David Jiménez, corresponsal en Asia de El Mundo, donde cual guía de viajes, nos lleva de la mano a algunos de los destinos más distantes y exóticos, eso sí, no aptos para turistas. Como declaración de intenciones y adelanto de lo que nos vamos a encontrar a lo largo del libro transcribo la entrada de uno de los capítulos: 

"El viajero ha pasado a ser una especie en extinción en un mundo tomado por turistas. Como les tiene aversión, se pasa la vida huyendo de ellos. Les observa con condescendencia, repitiéndose que no es como ellos y forzándose a marchar cada vez más lejos para no encontrárselos. Quiere ir allí donde todavía le reciben con sorpresa. O mejor aún: donde no le recibe nadie. Busca, sin terminar de encontrarlo, el fin del mundo. Pero ¿dónde queda?"

De esta búsqueda del fin del mundo va buena parte del libro. Y a fe mía que lo encuentra, y si no es mismo fin del mundo, bastante se le parece. Tal es el caso del remoto Reino de Bután, en la cordillera del Himalaya, que el periodista visitó cuando trajeron por primera vez la televisión ¡en 1999! y su retorno siete años después, para constatar los cambios que el invento había traído sobre el aislado reino del dragón del trueno. O la cárcel sin barrotes (ni paredes) de la isla de Palawan en Filipinas. O aquel que da nombre al libro "el lugar más feliz del mundo" que es como la propaganda de Corea del Norte describe un país sumergido en un régimen totalitario y paranoico.

Hay que decir que el libro se beneficia de esa alianza que a veces se da entre la literatura y el periodismo y que posibilita ese género hoy bastante ninguneado por los grandes medios llamado crónica y que tuvo grandes maestros como Ryszard Kapuscinski, del que David Jiménez es un buen exponente. En el libro, la escritura, siempre cuidada, está, no obstante al servicio de la historia, de los hechos reales y de las personas que los protagonizan, lo que no impide que un aliento poético recorra las páginas de los seis bloques que componen el libro: lugares, fronteras, calles, celdas, amaneceres y retornos.

Pero El lugar más feliz... es un viaje no solo por los espacios físicos más recónditos del planeta, sino también por los contornos psíquicos y espirituales que conforman la condición humana. Como explica el autor, las fronteras, "esas líneas con las que tratamos de marcar lo que consideramos nuestro (...), siguen siendo las principales causantes de las guerras". ya que siempre estamos buscando defenderlas o intentando ampliarlas, cuando no creando otras nuevas, bien sean ideológicas, religiosas, políticas o étnicas... Pero de todas las fronteras, David Jiménez cita al escritor ruso Solzhenitsin, autor de Archipiélago Gulag, para referirse a la única que permanece invariable a través de las épocas y que es aquella "que separa el bien del mal en la condición humana y que no pasa a través de los Estados, ni de las clases sociales, ni tampoco entre los partidos políticos o las ideologías, sino directamente a través de cada corazón humano".

Así, el libro nos lleva también a estos parajes del alma humana, tales como la "jungla blanca" que crece en la isla de Papúa con sus distritos milimétricamente americanos y sus campos de golf, que sirven de refugio y barrera de contención mental a una población venida de América y occidente que no duda en expoliar el mayor yacimiento de oro del mundo de la montaña Grasberg, sin miramientos para con las tribus vírgenes que viven en la isla.  O el sobrecogedor relato de los pederastas más peligrosos que cumplen condena en una prisión camboyana, muchos de ellos también occidentales que durante unos meses solían dejar sus ocupaciones y civilizadas vidas para abusar de los menores del país asiático. Y uno de los que más me han gustado: el fotógrafo de los muertos, que cuenta la vida de Nhem, quien fue reclutado con dieciséis años por los jemeres rojos durante el genocidio de Camoboya para que fotografiara a los reclusos del campo de exterminio S-21 y documentase así su último gesto de miedo o resignación antes de ser ejecutado. ¿Los delitos? Llevar gafas, haber estudiado una carrera o saber idiomas... Muchos de los condenados le preguntaban que les iba a pasar, a lo que Nhem respondía (mintiendo) que él no sabía nada, que él sólo era el fotógrafo.

Pero afortunadamente, no todos los retratos de la condición humana enfrentada a sus peores pesadillas afronta un saldo tan devastador. Tal es el caso de las temibles mujeres del escuadrón femenino del Viet Cong, entre ellas la aguerrida Vo Thi Mo, quien habiendo emboscado a tres soldados americanos en la jungla y teniéndolos en el punto de mira para dispararlos, los vio compartiendo fotos y cartas de sus familias y llorando. Y no pudo hacerlo. De pronto había descubierto que el "Enemigo" eran personas como ella. Y desde luego, la historia de ese "rebelde desconocido" que se volvió internacionalmente famoso al ser grabado y fotografiado de pie frente a una columna de tanques durante la revuelta de la Plaza de Tiananmen de 1989 en la República Popular China.
"No sabemos su nombre. No hemos visto su rostro. Tampoco hemos escuchado su voz. Lo que sí sabemos: durante tres minutos se enfrentó, desarmado y sin ayuda, a una columna de tanques chicos, dejando para la historia la imagen que desde entonces ha inspirado las ansias de libertad de pueblos de todo el mundo. Si alguien me preguntara por la exclusiva que querría escribir antes de que me jubilen, sería la suya. Encontrar el rebelde desconocido y preguntarle: ¿qué te hizo pensar que podrías parar el mayor ejército del mundo, tú solo?" (...) 

"Tanques contra personas - respondería tal vez - Parece un enfrentamiento desigual y lo es. Siempre terminan ganando las personas, aunque a veces lleve mucho tiempo darse cuenta".