jueves, 24 de abril de 2014

Let the sunshine in, Rjukan

Parece una historia de cuento de hadas pero es real 

No sucedió hace mucho tiempo, ni en un lugar muy lejano (o no demasiado: 175km al Oeste de Oslo, que está a tres horas de vuelo de Madrid).

Es la historia de un pueblo enclavado en lo profundo de un valle entre montañas, Rjukan, rico en materias primas, pero al que le falta algo bastante importante: la luz solar.

Desde su fundación hace ya unos cien años, sus habitantes han buscado un remedio para la oscuridad que se cierne sobre el pueblo durante un largo invierno que va de septiembre a marzo, en el que el sol roza las montañas pero no llega a pisar las calles de Rjukan.

En 1928 se construyó un teleférico que fue el primero del norte de Europa y que aún hoy continúa funcionando, con el que los habitantes podían subir de vez en cuando a las vecinas montañas a sentir un poco el sol en invierno

En 2001 Martin Andersen, un artista noruego de 40 añós que se gana la vida con trabajos eventuales - es ahora socorrista de una piscina - llegó a la ciudad y tuvo la idea de instalar unos espejos que desde una de las laderas de las montañas, rebotara la luz del sol hacia el pueblo: "tenía una hija pequeña y todos los días quería que estuviera al sol, cada día tenía que andar más y subir más a la montaña, así que se me ocurrió traer el sol aquí en vez de perseguirlo".

Tras contar con una beca del ayuntamiento, Andersen estudió todos los aspectos técnicos del proyecto. Primero fueron los ingenieros quienes le dieron el sí. Pero quedaba por solucionarse el asunto de la financiación...

Había gente en el pueblo que estaba en contra, ya que pensaban que el dinero debía dedicarse a cosas más serias, como el estado de las carreteras o reservarlo por si hacía falta para algo importante. Otros no pensaban que el proyecto fuera a ser rentable, debido al mal tiempo que hacía siempre en invierno: "En Rjukan no hay sol, si quieres sol vete a la montaña", le decían.

Finalmemte el pueblo decidió probarlo, y el pasado octubre Rjukan estrenó tres espejos gigantes que controlados por ordenador, siguen al sol y reflejan un rayo de luz de unos 600 metros cuadrados (el equivalente a tres canchas de tenis) sobre la plaza del pueblo. Al evento acudieron todos los habitantes con gafas de sol y arrastrando sillas de playa, mientras la orquesta local tocaba let the sunshine in, del musical Hair.

Y como cuenta el New York Times, justo después, algo cambió:

Los habitantes empezaron a hablar más entre ellos, por ejemplo se entretenían a la salida de la iglesia para charlar con sus vecinos, cuando antes se hubieran vuelto rápidamente a sus casas. La plaza del ayuntamiento, antes poco más que un aparcamiento, ahora está llena cuando luce el sol. Mientras los niños juegan, los ancianos disfrutan de sus rayos sentados en los bancos recién instalados. Hay que tener cuidado: no se pueden mirar a los espejos de frente, sin unas gafas de sol. Y la luz no solo ilumina, también calienta, si estás mucho rato necesitas cremas solares, cuentan los vecinos.

Sin embargo, la lucha del pueblo en contra de la oscuridad aún no ha finalizado. El pasado invierno, el cielo de Rjukan estuvo tan nublado que los espejos apenas pudieron producir más de 17 horas de luz. Dado que el mecanismo se alimenta a su vez de energía solar, los espejos dejaron de funcionar y fue necesario subir un generador y combustible para ponerlos de nuevo en marcha. Algunos vecinos, que siguen críticos y creen que el ayuntamiento ya ha gastado demasiado dinero en los espejos, recogieron firmas para quitarlos.

Pero de momento ahí siguen. Y en estos días, la ciudad está centrada en mejorar la plaza del ayuntamiento. Quizás se ponga una fuente en el centro. "No puedes tener un espejo de sol brillando sobre una vulgar planta de estacionamiento" comentó el alcalde.

video

viernes, 18 de abril de 2014

El mejor peor grupo de la historia

Creo que lo peor en lo que se puede caer es en la mediocridad, en un ni fu ni fa, ni frío ni calor.  Hagas lo que hagas, no dejes a nadie indiferente, que hablen de ti, bien o mal, pero que hablen, como suelen decir los gurus de la publicidad.

Quienes me conocen de cerca saben que siento debilidad por cierto tipo de grupos digamos... diferentes.  No necesariamente alternativos (un término demasiado amplio que suena cada vez más a etiqueta comercial), no necesariamente originales ni innovadores.  Y desde luego, no especialmente frikis (en otro post hablaré de por qué odio este término), pero en cualquier caso, diferentes.

Dentro de este grupo, están esos grupos que buscan ser comerciales a su manera voluntaria o involuntariamente innovadora, y aquellos a quienes su interpretación de lo que resulta ser comercial los convierte inevitablemente en un perro verde.

En este último y especial apartado están, en un puesto de honor, las Shaggs.

¿Quiénes fueron The Shaggs? Dejo para quien no las conozca todavía (¡cómo le envidio!), el enlace a una de sus canciones más emblemáticas y puerta de entrada obligada a quien quiera conocer el resto de sus composiciones: Philosophy of the world
 
Portada del disco Philosophy of the World (1969)
 ¿Ya lo habéis escuchado? La primera vez cuesta un poco hacer el oido, es cierto, pero dadle tiempo. Estoy
seguro que pronto os transportará como a mi a estados alterados de la conciencia donde todo cobra un nuevo significado. Además, no deberíais desdeñar a un grupo cuyo album debut en 1969 fue definido por Frank Zappa como "el tercer mejor disco de todos los tiempos". Entre sus admiradores incondicionales se citan entre otros a Kurt Cobain, Bonnie Raitt o el ya mencionado Zappa quien llego a decir que eran mejor que los Beatles. Y es que las Shaggs son, amigos, un grupo de culto.

Para ser justo también dijeron de ellas que sonaban indolentes y anárquicas, como tres personas que hubieran cogido los instrumentos por primera vez y se puesieran a tocar en cámaras aisladas unas de otras sin asomo de coordinación. Y qué decir de las letras de sus canciones: toda una declaración de actitud teen con temas dedicados a la razón que llevan los padres, a un gato llamada FootFoot o a los coches de choque.  No faltan tampoco quienes las consideran el primer grupo punk de la historia, supongo que por el descaro y el ritmo de bradicardia ventricular de la batería.  Pero si os llama la atención su música, esperad a conocer su historia...

The Shaggs eran tres hermanas: Betty, Helen y Dorothy (Dot) Wiggin, a las que más tarde se unió una cuarta, Rachel. Pertenecían a una familia de clase media de Fremont, pueblo situado en New Hampshire (USA). Su padre, Austin Wiggin Jr., estaba convencido que sus hijas se convertirían en estrellas de la música desde que un día, siendo él joven, una pitonisa le hubiera hecho a su madre la siguiente predicción: “Tu hijo se casará con una mujer pelirroja, tendrá dos hijos antes de que mueras y sus hijas formarán un famoso grupo musical”. Como las dos primeras predicciones se habían cumplido, Austin creyó firmemente que la tercera también lo haría, así que no dudó en sacarlas del instituto, gastar todos sus ahorros en instrumentos musicales y ponerlas a practicar diariamente con una profesora de canto. Según cuentan, las Shaggs eran muy exigentes consigo mismas, y paraban la grabación cada vez que cometían algún fallo. Me imagino a los pobres técnicos de sonido atónitos, incapaces de descubrir cuál de los fallos en concreto les habían hecho detenerse.


Un momento del musical Philosophy of the World en New York
No tuvieron éxito... en aquel momento, pero la profecía no iba del todo descaminada. En 1980 alguien descubrió por casualidad el disco original y se quedó anonadado de su inocencia y frescura. Así que decidieron reeditarlo como una rareza y la revista Rolling Stone lo llamo "el regreso del año" Desde entonces, las Shaggs (hoy mujeres de familia bastante apartadas del universo rock), no han dejado de ganar fans. Hace tres años un musical en Nueva York contaba su peculiar historia, varias bandas le hicieron un disco homenaje versionando sus canciones (aunque sin lograr su peculiar sonido), e incluso se habla de una futura película en la que las hermanas Fanning harían de dos de las Wiggin.

A mi me gusta su insobornable autenticidad y esa especie de equilibrio en medio del caos que a veces creo notar en sus canciones.  A muchos les parecerán horribles sin más, pero como las hermanas Wiggin dejaban bien claro en Philosophy of the world: "No importa lo que hagas, no importa lo que digas..." ya que "no puedes gustar a todos en este mundo".  

martes, 8 de abril de 2014

Encuentro con el ayer: Edad prohibida

El libro llegó a mis manos hace unos cuantos meses, una soleada mañana de invierno en que paseaba por el Rastro de Madrid. Sobresaliendo de entre una montaña de libros de todos los tipos que parecían salir de un naufragio, estaba una de esas novelas que desde hacía tiempo tenía curiosidad por leer, quizás atraído por el título o por la temática - la adolescencia - que reconozco, siempre me ha interesado. Pregunté el precio y me pareció más que razonable: 1€. Además me gustó mucho que la edición (la 39ª ya) perteneciera al año 1968, la época de la que viene el libro, 10 años antes de que yo naciera.

Centrado en dos personajes antagónicos y, sin embargo amigos, Enrique (el audaz y aventurero) y Anastasio (demasiado prudente y contenido), recorremos a través de tres partes (significativamente llamadas barbecho, siembra y recolección), las trayectorias vitales de ambos, quienes, partiendo de un mismo origen (el primer cigarrillo en la playa de la Concha, la pandilla de amigos...); van sin embargo por caminos diametralmente opuestos, fruto de las decisiones que los personajes van tomando mientras inauguran los primeros sentimientos y sinsabores de la vida adulta.

Hay que decir que Anastasio es un perfecto pardillo, lo cual convierte a este personaje en un magnífico modelo de auto identificación del adolescente (masculino) típico, y es que, a pesar del prometedor título, no hay nada prohibido en el libro, antes bien: es un tratado de moralidad para el "joven de bien". Si algo lo define son sus ausencias, todo lo que no pasa y desearíamos que pasara. Como la adolescencia misma, por otra parte. Imagino la decepción que debieron de sufrir muchos jóvenes de los cincuenta y sesenta con las hormonas revueltas que esperarían alguna escena subidita de tono.  Aquí la adolescencia es vista más bien como una edad maldita:
"`Son cosas de la edad´, se decía para consolarse. Pero en seguida añadía, ensañándose consigo mismo, que si la edad consistía en tener granos y cortaduras en la cara, suciedad en el pensamiento, manchas en los pantalones, y el corazón, en cambio, virginal, lleno de amor, sediento de amistad y de ternura..., esta edad debería estar prohibida."
Edad Prohibida fue el libro de los adolescentes de una época, el franquismo, que hoy ya nos parece, sobre todo a los que nacimos con la democracia, ciencia ficción. Escrita en un tono moralista y aleccionador, la novela ha envejecido mal y resultaría absolutamente marciana y risible a un adolescente que la leyera hoy.  Pero esto también es una de las cosas más interesantes que tiene; ya que la convierte involuntariamente en todo un retrato de una época y de unos valores hoy ya tan desaparecidos como las huellas de esos niños en la playa de San Sebastián

Ahora bien, como la adolescencia no suele ser tan idílica como nos la dibujan las películas, ni nosotros tan cínicos como a veces damos a entender, hay que decir que la novela gana muchos enteros cuando el autor se da un respiro y deja el tema moral para, con gran maestría, dibujarnos escenas de gran emotividad como el juego de las ánimas en la penumbra de un cuarto, la primera cita de Anastasio y Celia en la pastelería, o el encuentro años después de Enrique y Anastasio.

Personalmente, me ha gustado la capacidad del autor para caracterizar tipos humanos y para describir esos momentos fugaces y vividos de las primeras experiencias. Finalizada la última página, creo que hay imágenes que se quedarán conmigo en el recuerdo, como si las hubiera vivido yo, y siento un cierto poso de nostalgia, como si hubiera descubierto en un oculto desván un álbum de viejas fotografías, un recuerdo de otros tiempos, de otras vidas. Un encuentro con el ayer. 

PD: Como curiosidad, he encontrado que un dúo llamado Kill Spider le han puesto música a un poema que aparece en Edad Prohibida. Pinchad aquí si queréis oírlo (es muy bonito, la verdad).

miércoles, 2 de abril de 2014

Guillaume busca su sitio

Esta semana he visto Guillaume y los chicos ¡a la mesa! 

Esta película ha hecho furor en Francia, llevándose los César más importantes (incluidos el de mejor actor, merecidísimo, para Guillaume Gallienne, que hace dos papeles: el de madre y el del hijo, protagonista de la historia). Además, el propio autor es el que firma el guion y dirige la película, basada en el espectáculo teatral con el que ya triunfó en el país galo.

Guillaume no sabe bien cuál es su problema, pero tiene dos cosas claras: que admira a su madre sobre todas las cosas, y que debe ser algo diferente de sus dos hermanos, porque ya desde pequeño, ella siempre les llamaba diciendo: “¡Guillaume, niños, a cenar!” 

La sociedad siempre trata de imponernos un molde, hacer que encajemos en una posición. Pero, ¿qué pasa con aquellos que no se adaptan al estrecho margen que dejan estas clasificaciones? Si hablamos de identidad de género, parece que sólo hay dos casillas donde puedes caer: masculino o femenino, y una sola manera de vivir en cada una de ellas. Como si sólo hubiera una forma correcta de ser hombre o mujer. 

Como va a ser tónica habitual en este blog, no os voy a contar mucho de la historia ni de los entresijos detrás de la misma, (información que podéis ver aquí y aquí, por ejemplo). Además, así no os revelo ninguna información relevante de una peli que gana mucho si la vas a ver sin una idea preconcebida
Aviso de que esta es una de esas películas que amas u odias profundamente. Is not everybody´s taste, no gustará a todos, ni lo pretende. Sin embargo me sorprendió ya que hacía mucho tiempo que no veía a tanta gente riendo en un cine. El protagonista es capaz de despertar una gran complicidad y empatía, mientras arremete contra todos los prejuicios y tópicos, sin que se salve nadie. Pero le perdonas, porque el primero en salir damnificado de este divertidísimo aquelarre es él mismo. A veces te ríes con cierta culpabilidad, como sabiéndote parte del entramado social que acaba llevando al pobre Guillaume de psiquiatra en psiquiatra y tiro porque me toca. Otras veces te ríes con él, reconocido en ese desesperado intento de encajar como sea, lograr que los demás nos quieran. Simplificando mucho, diría que esta peli es como una sesión de psicoanálisis con un Hanníbal Lecter pasado de anfetas.

La primera media hora (que ocurre en La Línea de la Concepción) es antológica, y la película va avanzando a partir de ahí sin frenos, como una montaña rusa, por escenas que combinan un humor inteligente y surrealista francamente inspirado, con otras en las que predomina la comedia más básica y slapstick. Personalmente, me gustaron más las primeras, pero hay que reconocer que el conjunto está bien compensado, y todo desprende un aire muy refrescante. La interpretación de Guillaume está en gran medida basada en la caricatura, con un toque de farsa teatral, y una voz en off con una mala leche muy bien dosificada. Me recuerda en parte al Woody Allen más anárquico y desenfrenado de sus primeras películas, como Annie Hall.
La película es ácida, cruel por momentos, pero nunca resulta agria, porque desprende una ternura que evita que se nos atraganten las (bastante duras) cosas que nos cuenta. Y esto es importante, porque quizás lo que más define a este film es que hace reír con cosas que no tienen maldita gracia. Y francamente, cuando una película es capaz de narrarte en un tono de comedia cosas tan dramáticas sin caer por desfiladeros que entraña tan temeraria misión, estamos hablando de una película con la que se podrá conectar más o menos, pero a la que hay que tener muy en cuenta.